Durante 18 horas y bajo la lluvia, una marea humana desfiló por el Microestadio Gatica de Avellaneda. Historiadores comparan la convocatoria con los funerales más grandes de la historia argentina.
Durante más de 18 horas, más de un millón de personas pasaron por el Microestadio Gatica de Villa Domínico, en Avellaneda, para darle el último adiós al exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En el momento de mayor concurrencia, el flujo alcanzó las 15.000 personas por hora y la fila se extendió por más de 70 cuadras hasta las inmediaciones del Puente Pueyrredón. La ceremonia comenzó una hora antes de lo previsto y cerró pasadas las 6 de la madrugada del lunes.
La magnitud de la despedida ubicó al velatorio entre los más grandes de la historia del país. Historiadores y analistas consultados lo compararon con el funeral de Eva Perón en 1952, que se extendió 14 días y reunió a más de dos millones de personas, y con el de Juan Domingo Perón en 1974, al que concurrió más de un millón. Para el escritor e historiador Pacho O’Donnell, «hay algo que va más allá de lo racional» y tiene que ver con lo que el Indio representa: «el alma de un pueblo».
Los analistas coincidieron en que la despedida expuso una paradoja de la Argentina de 2026: mientras la representación política atraviesa una crisis evidente, todavía existen comunidades culturales capaces de movilizar emociones e identidades a una escala que ningún partido político logra alcanzar. La convocatoria fue masiva, pacífica y transversal a generaciones, clases sociales y geografías del país.
Cerca de las 4:30 de la madrugada se cerraron las puertas del microestadio luego de que ingresaran los últimos fanáticos. Tras el cierre, la familia publicó un comunicado en el que pidió que «su música no pare nunca más». Con esa frase, se cerró una despedida que ya forma parte de la historia grande de la Argentina.